
Ya desde el primer game, el control fue del mallorquín; le quebró el servicio y facilmente ganó el primer parcial en poco más de media hora de juego. En el segundo set, Federer tuvo una leve mejoría en su juego, y se equilibró un poco el partido; sin embargo Nadal demostró por qué es el mejor del mundo sobre el polvo de ladrillo, y consiguió imponerse 6-3.
El último set fue un monólogo de Rafa. El español fue superior en todo sentido: el suizo parecía totalmente resignado y Nadal no paró hasta "humillarlo" con el 6-0 final.
Con esta nueva victoria, el matador consiguió su cuarto título de Grand Slam (los otros tres también fueron en Roland Garros), mientras que el helvético sigue sin poder coronarse campeón sobre el polvo del Phillipe Chatrier.